Érase una vez dos hermanos, Lucas y Juan, que recibieron de herencia una mansión para cada uno. Las mansiones pertenecían a un familiar lejano, que a falta de herederos dejó sus posesiones a estos dos jóvenes.

Inmediatamente se mudaron cada uno a su mansión, y encontraron un panorama similar: muchas habitaciones, levemente decoradas, pero muy espaciosas. Luego de un breve recorrido cada hermano tomó una decisión diferente.

Lucas se interesó en un salón, que poseía decoraciones mas atractivas para él. Habían también muchas cajas, llenas de libros y artículos desconocidos. Se enamoró de todo lo que ahí encontró. Pasaban las horas, los días y las semanas y este joven no parecía aburrirse, es mas, disfrutaba aprender y conocer más sobre las maravillas de ese salón. Era feliz estando entre esas 4 paredes. Las veces que salía era para visitar amigos, hacer las compras, tomar aire y buscar lo necesario para su estadía en su salón favorito.

Por otra parte, Juan tenía una mente más curiosa. Él vio que muchas de las habitaciones tenían cajas y libros, y fue inspeccionando varias de ellas. A él le preocupaba el estado de la mansión, por lo que cada día visitaba lugares diferentes. Mantenía temperadas e iluminadas las habitaciones, hacía limpieza de vez en cuando, y a veces se sentía abrumado por la cantidad de habitaciones que debía mantener. Otro punto que le preocupaba era que pasaba el tiempo y sentía que aún había muchas cajas y libros que nunca había tocado. Sin embargo, se sentía feliz recorriendo la mansión, descubriendo cosas nuevas cada vez, dentro de la gran cantidad de habitaciones que ya conocía.

Pasaron unos años así. Lucas aún no salía de su gran salón, pero ahora era realmente una maravilla estar ahí. Una gran cantidad de cajas ya habían sido desempacadas, eligiendo algunos artículos para mantener y otros para desechar. También ya había leído gran parte de los libros que ahí se encontraba. Este salón estaba completamente renovado. Lucas se había preocupado de vender ciertos artículos que descubrió eran bastante raros, y con las ganancias pudo comprar estanterías, muebles y todos los lujos que pudo querer. Su gran salón le daba comodidad y prestigio.

Juan, por su parte, había conservado su mansión en un gran estándar. Ciertamente habían habitaciones que no le interesó seguir visitando con el tiempo, pero con el paso de los años encontró pasadizos entre habitación y habitación, haciendo que sea cada vez mas fácil mantener el estado de la mansión. Gracias a estos pasadizos fue capaz de mover algunas cajas y cuadros entre habitación y habitación, creando un entorno homogéneo. Su mansión tenía una apariencia saludable, pero sin grandes lujos.

Así pasaron los años, cada uno siguiendo su “plan”.

Pasado este tiempo Lucas estaba satisfecho. Su gran salón estaba muy completo. Ya casi no quedaban nuevas cajas, o libros que leer. Lucas pensó que quizás sería buena idea salir a recorrer otras partes de la mansión, sólo por querer explorar. Sin embargo, el paso del tiempo afectó bastante a su mansión. Ya que nunca fueron habitadas, algunas habitaciones ya estaban deterioradas. Habían algunas habitaciones que casi eran inaccesibles, y otras simplemente inhabitables. Lucas se dio cuenta de que sería difícil en este punto empezar a restaurar los accesos, por lo que decidió recorrer sólo las habitaciones mas cercanas a su gran salón, que estaban en mejor estado.

Por su parte, Juan estaba muy satisfecho con el estado de su mansión. En estas dos décadas pudo conservar gran parte de las habitaciones principales, y sabía cómo navegar entre los pasadizos para acceder a los distintos puntos de su hogar. Tenía ya algunos salones con grandes comodidades y desde el exterior, su mansión se veía muy viva. Aún así, sentía cierto remordimiento, ya que en todas las habitaciones aún quedaban muchas cajas por abrir y aún más libros por leer. Sin embargo, se sentía a gusto con lo libre que era dentro de su mansión, y cada semana podía visitar y trabajar un salón diferente.

Llegada la vejez, ambos hermanos se reencontraron y relataron sus experiencias. Cada uno se sentía feliz y pleno, pero no podían evitar preguntarse: “¿Habrá sido este el camino correcto?”.